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PREGUNTAS Y RESPUESTAS

2005 Premio de la Paz de California

Otilio “O.T.” Quintero

P: ¿Por qué decidió trabajar en esta área?

R: Uno de los momentos decisivos de mi vida ocurrió cuando me mudé a un complejo de viviendas subvencionadas en las afueras del Condado de Fresno, donde estábamos muy aislados y rodeados sólo por campamentos de trabajadores y cultivos. Como nos encontrábamos aislados, entonces recurrimos a cualquier cosa que podíamos encontrar: alcohol, drogas, y conducir a alta velocidad. Adoptamos estilos de vida destructivos. Vi morir muchos de mis amigos al frente de mí. Esto se transformó en una rutina, hasta el punto que cuando íbamos a los funerales nos preguntábamos quién sería el próximo. En 1975, mi padre decidió sacarme de ese ambiente porque estaba seguro que me perdería. Al recordar el pasado, siempre me pregunté por qué fui uno de los pocos en salir vivo. Pienso que esto hizo que adquiriera un gran sentido del deber.

P: ¿Tiene idea de cuántas personas se han beneficiado de la labor de Barrios Unidos?

R: Es difícil medir el impacto de Barrios Unidos, pero una vez estaba en una taquería en San Diego y tenía puesta mi camiseta de Barrios Unidos. Una mujer mayor que me recordó a mi madre (creo que era la dueña) me preguntó: “¿Oye, conoces a Barrios Unidos?”. Yo le respondí: “No, cuénteme de éstos”. Ella procedió a decirme que Barrios Unidos era una organización increíble. Me habló sobre nuestros servicios y programas, y sobre las personas a las que nuestra organización había ayudado. Yo me quedé ahí, sentado, escuchándola hablar durante 20 minutos. Al final me dijo: “Sigue apoyando a Barrios Unidos”, y yo le respondí que así lo haría. En ese momento me di cuenta de que no sólo habíamos tenido un impacto positivo en las vidas de aquellos que participaron en nuestro programa, sino también en las de los miembros de la comunidad.

P: ¿Cuál fue su inspiración para dedicarse a esta labor?

R: De pequeño tuve la oportunidad de conocer a César Chávez, uno de mis líderes espirituales. César se transformó en la voz de los desatendidos. Yo también sufrí la vida de los oprimidos y fui testigo de cómo el Movimiento de la Unión de Campesinos (United Farm Workers Movement) trabajó para reparar las injusticias. Una de las cosas que César nos dejó fue la idea de la propiedad de la tierra. Él recomendó que creáramos cooperativas y nos decía que ya no era suficiente tener el derecho a recoger la cosecha, sino que también teníamos que ser dueños de las tierras. En Barrios Unidos de Santa Cruz siempre hablamos de los sueños de César y cómo íbamos a cumplirlos. La adquisición de este sitio fue un homenaje a nuestros líderes espirituales, especialmente a César, y ayudó a sentar las bases para la próxima generación.

María Velásquez

P: ¿Por qué decidió trabajar en esta área?

R: La violencia doméstica fue parte de mi infancia en la década de los años 60. Recién cuando tenía 10 años mi madre encontró el valor de irse de la casa con sus cinco niños; realmente ella es uno de mis héroes. De pequeña decidí que la violencia no formaría parte de mi vida y rompí el ciclo. Mis hijos nunca han presenciado actos de violencia doméstica en nuestro hogar, y puedo afirmar con convicción que ellos no seguirán ese camino de destrucción. En mi niñez, lamentablemente no existían programas escolares que dijeran: “Tú tienes opciones” o “No tienes que vivir de esta manera cuando crezcas”. Es muy triste ver el dolor en los ojos de un niño que vive en un hogar violento, que no sabe si podrá escapar de ese entorno nocivo. Parte de nuestro movimiento consiste en capacitar a los niños con una serie de destrezas y herramientas de modo que sepan que tienen derechos y opciones en la vida que nadie puede quitarles.

P: ¿Qué tipo de resistencia y críticas recibió al lanzar Second Step?

R: En los últimos cinco años, las escuelas y los maestros se han visto afectados por una serie de mandatos estatales que requieren más trabajo en sus aulas. Cuando se presenta un programa nuevo, los maestros dicen: “No puedo hacerlo ya que no tengo tiempo”. Por esto tuve que convencer a todos que Second Step no era simplemente un programa nuevo, sino que estaríamos ofreciendo herramientas que pueden usarse a diario en el salón de clases y una estructura que permite que toda la comunidad escolar hable el mismo idioma. En cuanto el personal entendió nuestro propósito, los maestros y administradores reconocieron que realmente se enfrentaban a problemas como la prevención de la violencia y la disciplina de forma constante, y que este programa podía ayudarles. También tuve que tratar con padres de familia que se sintieron incómodos de que las escuelas enseñen ciertas habilidades a sus hijos ya que es su responsabilidad tratar estos asuntos en el seno del hogar, lo cual respeto totalmente.

P: ¿Cuáles son algunos de los desafíos más grandes con los que ha tropezado?

R: El dinero siempre es un obstáculo para lograr nuestros sueños. Luchamos por conseguir subvenciones ya que competimos con organizaciones más grandes en ciudades más grandes, y muchas veces a las zonas rurales no se les tiene en cuenta. Otro obstáculo es el transporte, el cual es una gran preocupación en muchas zonas rurales. Sin servicio de autobuses, las familias rurales tienen dificultades para llevar a sus hijos al dentista o al médico, aumentando así las tensiones en el hogar y en la escuela. Además, la toma de conciencia a nivel comunitario es siempre un trabajo interminable y lleno de retos. Nos cuesta mucho que la gente asuma un rol activo en los problemas sociales locales o que participe en algo tan simple como un programa de tutoría.

Sayre Weaver

P: ¿A qué atribuye el éxito de las ordenanzas locales para el control de las armas?

R: Al dinamismo generado dentro de las comunidades locales. Women Against Gun Violence, Violence Prevention Coalition, Teens on Target, Youth Alive y otras organizaciones se contactaron con sus legisladores locales para pedirles que hicieran algo sobre este terrible problema vecinal. Luego, los grupos se enteraban de que una ciudad particular estaba considerando la promulgación de una ordenanza para regular los vendedores de armas de fuego, a fin de que abandonaran los vecindarios residenciales y se trasladaran a distritos comerciales. Así, las ideas se difundieron. Los concejos municipales y las juntas de supervisores escucharon a los vecinos, quienes decían: “Tenemos que empezar a solucionar este problema a nivel local”, y los representantes respondieron.

P: ¿Cuáles son algunos de los argumentos más decisivos que usted usa al hablar con aquellos que critican el control de armas?

R: Creo que muchas personas desconocen el problema de las armas de fuego, cómo éstas inducen a la violencia y cómo diversos sectores de la población se ven afectados de diferente manera por la violencia con armas. Es por eso que siempre he sostenido que la gente responde bien cuando se le explica las consecuencias que tiene la violencia con armas en la salud pública. El problema es que tenemos una industria que lucra con un producto sin estar sujeta a reglamentaciones para garantizar la seguridad del consumidor, una industria que no tiene que pagar ninguna consecuencia por sus decisiones empresariales en materia de comercialización, diseño y distribución de su producto. Estos costos son asumidos por el público, incluyendo los contribuyentes, porque muchas víctimas de las armas no tienen seguro de salud. Cuando las personas entienden estos gastos relacionados, se dan cuenta de que la sociedad paga un precio tremendo por las relativamente pocas personas que quieren que las armas de fuego estén disponibles para ellas de forma regular.

P: ¿Cree usted que la violencia puede prevenirse?

R: Si me enfoco en los aspectos negativos de la naturaleza humana, es muy difícil imaginar un mundo sin violencia. Pese a esto, pienso que es algo por lo que debemos luchar. Sabemos que hay muchas cosas que podríamos hacer para abordar la violencia y que lamentablemente no estamos haciendo. Las armas de fuego hacen que cualquier situación sea imprevisible. No se pueden predecir los resultados de un altercado si hay armas presentes, porque alguien va a morir y otro va a sentir que tiene que vengarse. Tenemos que intervenir en este ciclo, y parte de la intervención consiste en abordar la disponibilidad de las armas de fuego a personas que por ley no tendrían que tenerlas. Es necesario que tratemos este tema directamente con la industria armamentista, algo que el gobierno federal no está dispuesto a hacer.

 

 

 

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