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TRES CALIFORNIANOS RECIBIERON EL PREMIO DE LA PAZ DE CALIFORNIA POR ESFUERZOS EN PREVENIR LA VIOLENCIA Rubén Lizardo, Clara Luz Navarro y Gilbert Sánchez son distinguidos por sus inicíativas communitarias con un premio de $25,000 Los Angeles - The California Wellness Foundation (TCWF-por sus siglas en inglés), en homenaje a la valentia y la dedicación de tres californianos que trabajan en prevenir la violencia, presentó los Premios de la Paz de California durante la séptima ceremonia anual el viernes 3 diciembre. Los ganandores eran Rubén Lizardo y Gilbert Sánchez, de Los Angeles, y Clara Luz Navarro de San Francisco. Cada ganador recibió un premio de $25,000. “Estos líderes comunitarios reconocen que la violencia es un problema de salud pública que es posible evitar,” manifestó Gaiy L. Yates, presidente y jefe ejecutivo de The California Wellness Foundation (TCWF). Los ganadores del premio son personas que han pasado muchos años trabajando directamente con víctimas de la violencia urbana y familiar. Lizardo y Sánchez sirven de guía y obtienen recursos para los jóvenes cuyas oportunidades de superación han decaído a consecuencia de la violencia urbana y la pobreza. Navarro ayuda a las inmigrantes latinas a separarse de la violencia doméstica, brindándoles el apoyo y capacitación necesarios para que puedan sentirse seguras, y tener confianza en sí mismas. “Los ganadores del Premio de la Paz de California están previniendo la violencia al enfrentar sus causas fundamentales, como la pobreza, el sexismo y la intolerancia racial”, añadió Michael Balaoing, representante del Programa de Iniciativa para Prevenir el Crimen (VPI-per sus siglas en inglés), de TCWF. “En las comunidades que más sufren por la violencia, ellos han sembrado la semilla de la esperanza y el alivio para hacer que las familias sean sanas y los vecindarios más seguros.” Sánchez es el fundador y director del proyecto para prevenir la violencia entre pandillas (Gang Violence Bridging Project), con sede en el Instituto Edmund G. “Pat” Brown de la Universidad del Estado de California en Los Angeles. Este proyecto aplica los resultados de investigaciones sobre las causas que llevan a los jóvenes a participar en las pandillas, creando programas que los ayudan a entenderse a sí mismos, mediante la orientación individual, apoyo social, enseñanza y asesoramiento. “Muchos de estos jÙvenes han crecido viendo a sus amigos morir o ser seriamene lastimados. No saben cómo enfrentarse al hecho de haber sido víctima o testigo de la violencia”, manifestó Sánchez. “Cuando los jÙvenes sienten que se les está ayudando y no que se juzga su comportamiento, empiezan a entender las causas de su problemas y aprenden a solucionarlos. El Programa les enseña diversas opciones para salir adelante.” Sánchez, quien fue miembro de una pandilla, se siente satisfecho con los jóvenes que logran encontrar nuevos valores con qué identificarse, tener respeto por sí mismos, y mantener así la esperanza que necesitan para realizar sus sueños. Sánchez ha motivado a cientos de miembros de pandillas a que vuelvan a emprender sus estudios. Muchos de ellos han sobresalido en sus escuelas. Rubén Lizardo es el director de educación y capacitación del Centro Tecnológico de Desarrollo Comunitario (Community Development Technologies Center), en el centro de Los Angeles. Sus funciones incluyen contratar maestros, impartir clases en organización comunitaria, y asignar a los estudiantes a trabajos de práctica con organizaciones no lucrativas dedicadas al desarrollo económico, el acceso financiero a la vivienda, y la reforma escolar. Lizardo es también miembro de la junta directiva de la Organización Latina de Watts/Century, donde trabaja con estudiantes, padres de familia, y miembros de la comunidad con el fin de promover la cooperación entre los diversos grupos étnicos, mejorar la seguridad pública y las relaciones con la policía e impulsar el liderazgo comunitario entre los residentes afroamericanos y latinos. Sr. Lizardo creció en Fresno y cursó sus estudios en la Universidad de California en Los Angeles, en donde se distinguió como uno de los líderes en la exitosa lucha por establecer un programa de estudios Chicanos. Fue en esa época que Lizardo descubrió que podía unir sus valores con su trabajo, educando y organizando al póblico para poder mejorar su comunidad. Cuando no ve una mejora inmediata y est« a punto de darse por vencido, recuerda siempre la fuente de su fortaleza y el propósito que se ha forjado, dice Lizardo. “Las personas a la que he ‘ayudado’ contribuyen constantemente a mi propio desarrollo,” añadió Lizardo. “Los jóvenes con los que trabajo luchan para que sus vidas tomen un buen camino y me han enseñado mucho acerca de lo que significa vivir nuestros sueños.” Navarro es una de las fundadoras de Mujeres Unidas y Activas (MUA). Estudió enfermería en El Salvador, su país natal, y trabajó con un equipo de médicos y educadores de salud en las zonas rurales durante la gueraa civil en ese país. Luego de que varios de sus colegas fueran torturados y asesinados, Navarro huyó hacia San Francisco en 1988. Poco después de su llegada, fue contratada por un investigador de la Universidad de California en Berkeley, para entrevistar a mujeres inmigrantes como parte de un estudio en aculturación y nutrición. Fue entonces, al conversar con cientos de mujeres, que Navarro comenzó a darse cuenta del terrible aislamiento y temor de las inmigrantes latinas que son abusadas por sus esposos. “Quizás no tienen a nadie en quien confiar”, explica Navarro. “Las mujeres inmigrantes temen que al reportar el abuso a las autoridades sus esposos serán deportados, quedándose ellas solas y, lo que resulta irónico, sin medios para sobrevivir.” Muchas de ellas corren el riesgo de que sus familias en su país de origen las rechacen por dejar a sus esposos, añadió. “Al mismo tiempo, no confían en sus doctores, los cuales no entienden sus necesidades y emiten diagnÙsticos equivocados”. MUA fue fundada en 1989 bajo los auspicios de la organización coordinadora, Coalición Pro Derechos de Inmigrantes y Refugiados (Coalition for Immigrant and Refugee Rights), con el propÙsito de hacer frente a las necesidades de servicios sociales para las mujeres inmigrantes. Esta situación se había revelado en un estudio Sueños Perdidos, Sueños Vividos: Mujeres Indocumentadas en el País de las Oportunidades (Dreams Lost, Dreams Found: Undocumented Women in the Land of Opportunity). Para cumplir con sus objetivos, la organización cuenta en la actualidad con más de 300 miembros. El grupo educa a las mujeres para que enfreten la realidad y poder salir adelante por sí mismas y tener una voz efectiva en la política. Durante seis meses, los miembros nuevos asisten a sesiones para fortalecer su auto estima y su capacidad de iniciativa. Después de este período, comienzan a hablar en público sobre la relación entre la violencia doméstica y la violencia pública. Basándose en su experiencia personal, las mujeres de MUA abogan ante los encargados de crear las leyes a nivel local, estatal y federal convencerios que la seguridad y el bienestar familiar depende de servicios adecuados de salud y oportunidades de estudio y que existen otras alternativas encarcelamiento. Uno de los logros más importantes del grupo fue la aprobaciÙn de la ley de La Violencia contra La Mujer (Violence Against Women Act VAWA), mediante el cual las mujeres inmigrantes víctimas de abuso doméstico pueden pedir el permiso de residencia sin tener que depender de sus esposos o de alguien que las solicite. “Todos los ganadores están de acuerdo en que podemos evitar a la violencia si se da acceso a la educación, respaldo emocional, y oportunidades económicas a las personas que corren el mayor riesgo o atraviesan dificultades,” dijo Yates. El Premio de la Paz de California, provee una cantidad de $25,000 para cada ganador y se entrega mediante el Grupo de Iniciativa para Prevención de la Violencia (Violence Prevention Initiative, VPI), uno de los cinco grupos de iniciativa de The California Wellness Foundation. Los ganadores fueron elegidos por medio de un proceso confidencial. VPI da énfasis al papel fundamental que tiene el liderazgo individual para lograr vencer las causas que dan origen a la violencia. La concesión de fondos se basa en la idea que la violencia debe contrarrestarse entendiéndola como un problema público que se puede prevenir. The California Wellness Foundation es una de las más grandes fundaciones en el estado. Desde 1992 ha entregado más de 1,640 donaciones que ascienden acerca de $260 millones, como respaldo a su misión de mejorar la salud de los residentes de California concediendo fondos para promover la salud, el bienestar, la educación y la prevención de enfermedades. Para más información en inglés o español o fotografías de los ganadores, visie nuestra página en el Inernet en www.tcwf.org. # # # Nota para periodistas y editores: El artículo “The” forma parte del nombre de The California Wellness Foundation. Por favor no lo borre ni ponga la “T” en minúscula.
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